Los 12 Monos

 

Ulises Fonseca Madrigal

 


Lejos de las explosiones, las muertes explícitas y los efectos visuales estrambóticos, la película 12 Monos (Terry Guilliam, 1995) aborda el género de la ciencia ficción desde una perspectiva un tanto inusual para el universo hollywoodense.

 

En efecto, existe el héroe que viaja en el tiempo, un virus perjudicial que aniquila grandes masas y la encomienda de asegurar un mejor futuro para la raza humana. Pero estos lugares comunes se desvanecen desde el principio y conforme avanza la narración del filme.

 

Así, el protagonista James Cole (Bruce Willis) es un personaje complejo que mezcla dos arquetipos sociales de exclusión: el del presidiario y del demente. Cole es tomado como  “voluntario” por los científicos de su tiempo para retornar tres décadas hasta el tiempo del brote viral, acontecido en 1996, y recabar información, siendo que el estrés y la falta de orientación lo conducen a ser encerrado y a encontrarse con otro personaje marginal, Jeffrey Goines (Brad Pitt), desequilibrado mental que algunos años después estará al frente de grupos de protesta radicales.

 

De esta forma, y al igual que en su filme previo, Terry Guilliam retoma un argumento en donde los parias están al frente, abundan los ambientes de miseria urbana estadounidense y el principal problema son las circunstancias, agravadas en este caso por los problemas que causan las paradojas de un posible viaje en el tiempo.

 

Otro aspecto destacable en el argumento es el de dos contrastes. Uno de ellos es el emparejamiento entre Cole y su psiquiatra  Kathryn Railly (Madeleine Stowe) quien lejos de representar los estratos bajos es símbolo del éxito a nivel económico y social; mientras que el otro lo representa el científico que desencadena la pandemia, el doctor Peters (interpretado por David Morse), quien le brinda mayor importancia a sus ideas de catástrofe por encima del fundamento racional y de responsabilidad que implica la de un investigador.

 


Si bien éste último personaje antagonista podría caer en el cliché el científico loco, bien puede observarse que se trata de una persona discreta, cuya apariencia logra salvar toda alarma, aún frente a su advertido jefe el doctor Goines -padre de Jeffrey Goines- (Cristofher Plummer), y que basa sus ideas devastadoras no en la religión, sino como –irónicamente- una solución lógica a la contaminación y sobrepoblación planetaria. 

 

Asimismo, el argumento evita otros lugares comunes en cuanto a La enfermedad y el destino planetario. De esta forma, el virus es un organismo que infecta y mata a las personas sin convertirlas en zombis sedientos de sangre, y en lo concerniente al destino de la humanidad el objetivo no es salvar a las víctimas de la  pandemia, pues los científicos cuasi gobernantes de la época de Cole requieren de información con la que puedan encontrar una cura que beneficie a las pequeñas sociedades subterráneas de su propia época.

 

Es de esta forma en que se desenvuelve la película, además de plantear las preguntas que siempre estarán sobre el viaje en el tiempo y sus paradojas, en especial la final, que le otorga su estructura circular al relato y nos hace preguntarnos ¿entonces, de esa forma puede estar una persona viva y muerta al mismo tiempo? 

Morelia, Mich., jueves 24 de abril de 2014